Los conflictos internos durante el reinado de Carlos V: Comunidades y Germanías.

RESUMEN


Con la muerte de los Reyes Católicos se abre en 1516 un período nuevo en la historia de España: por primera vez las dos coronas de Castilla y Aragón están reunidas en la misma persona, Carlos V. Pero éste, llegado de Flandes (donde nació), llega a España con una actitud extranjerizante, viéndola como un territorio del que obtener dinero y obligando a imponer un tributo y financiar su elección imperial. Las Comunidades se alzaron ante esta política del rey y la importancia que daba a su política exterior. Se genera así una guerra civil: la guerra de las Comunidades, en la que hay un intento de resistencia por parte de las ciudades al poder centralizador del emperador y una revuelta contra el mal gobierno extranjero (contra la presencia de extranjeros en los puestos clave del reino). Casi simultáneamente se produjo en la región levantina, Valencia y Baleares el alzamiento de las Germanías (comunidades valencianas) y de los forans mallorquines exigiendo reformas de orden económico y social. Los comuneros y agermanados, aunque coincidieron en su lucha, no se coordinaron y la nobleza, aliada con la Corona los aplastó.



ESQUEMA



Introducción: gobierno de Carlos V.

Conflictos internos:
  • Castilla: Guerra de las Comunidades.
- causas

  • bandos


  • propósitos


  • transcurso: Valladolid-Toledo, Tordesillas, Villalar.

  • Aragón: agermanados y forans.
- causas

  • bandos


  • propósitos


  • transcurso


Desenlace: estado final de la monarquía y los órganos de poder.

DESARROLLO DEL TEMA


En 1517 llegó a España Carlos I para hacerse cargo del gobierno de los reinos de Castilla y Aragón, tras la muerte de su abuelo Fernando el Católico, acaecida un año antes. Se abre un periodo nuevo en la historia de España, por primera vez las dos coronas de Castilla y Aragón están reunidas en la misma persona, base indispensable para la creación de una nación de nuevo cuño.
Comunidades
El 2 de febrero de 1518 se abren las Cortes de Valladolid, donde se manifiestan los agravios del clero, nobleza y ciudades frente al caprichoso reparto de cargos e ingresos que el rey hace. Con todo, le conceden un servicio de 600000 ducados, pidiéndole no modifique el sistema fiscal de la alcabala, y marcha para ser jurado monarca en los Estados de Aragón. Las malas cosechas, el alza de precios y el desánimo por el absentismo del rey se unen a la indignación por la presencia de extranjeros en los más altos cargos. Pero, más que las Cortes, son los frailes los que, en 1518, expresan la auténtica reacción de la nación al censurar duramente los cohechos y los abusos de los flamencos, la dimisión de los Grandes, y al exigir la formación de un gobierno más representativo. El rey no hace caso de esas advertencias y marcha a Barcelona, desde donde manipula su elección imperial. Al ser elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico debe recabar fondos y decide subir los impuestos indirectos (las alcabalas) suprimiendo los encabezamientos concedidos por Cisneros y confiando el arrendamiento de las mismas “al mejor postor”. En 1519 se convocan las Cortes en Santiago y La Coruña alejándose del conflictivo corazón de Castilla.
El clima de descontento es ya manifiesto y no cesa de extenderse. El Concejo de Toledo, encabezado por Padilla, ya había visto ignorada en las Cortes su petición de que se mantuviese el sistema fiscal de la alcabala, conquista irrenunciable de comerciantes, profesionales liberales y algunos caballeros. Ahora sus representantes no son admitidos en La Coruña. Estalla la rebelión en Toledo. Por presiones y amenazas, las Cortes otorgan 220 millones de maravedíes y Carlos marcha a Alemania. Adriano de Utrecht queda como regente del reino. Se extienden los tumultos por Castilla. Algunos nobles medios y clérigos, lideran la revuelta. Junto a Juan de Padilla, destacan Juan Bravo y Francisco Maldonado. Toledo, que ha echado al corregidor y se ha alzado en comunidad, propone la reunión de una junta en Ávila: la Junta Santa, que es la ruptura institucional con el monarca.
Pero la tardanza del gobierno en satisfacer las reivindicaciones más populares del movimiento y una tentativa mal organizada de represión, que acaban en el incendio de Medina del Campo (tras el cual los comuneros reciben el apoyo de importantes ciudades de Extremadura y Andalucía) contribuyen a aislar totalmente al cardenal Adriano y al Consejo Real. La junta se traslada a Tordesillas y se considera como asamblea representativa y gobierno del reino, en nombre de doña Juana. Tratan de conseguir el sometimiento del poder real a los principios y normas del derecho tradicional castellano, la Corona legislaría y gobernaría pero en coparticipación con las Cortes. La Junta se erige en Gobierno legítimo: crea tribunales de Justicia, organiza una administración, impulsa la política económica y constituye una milicia armada. La alta burguesía burgalesa y la nobleza se ven amenazadas por un movimiento antiseñorial. En 1520, el cardenal Adriano forma un nuevo gobierno y consigue recomponer sus fuerzas: oficiales, ricos mercaderes, nobles y elementos moderados asustados del radicalismo comunero; cuenta también con el apoyo de Portugal. Burgos se aparta de la Junta, que ha perdido representatividad y se ha radicalizado; las fuerzas militares de sus adversarios aplastan al ejército de las ciudades en Villalar el 23 de abril de 1521. Tres de los caudillos principales, Padilla, Bravo y Maldonado, son degollados al día siguiente.
El significado político de la revolución comunera es una tentativa para limitar los poderes de la realeza y de la aristocracia en beneficio de las Cortes, representantes de la nación frente al rey.
Germanías
Conocida su elección imperial, sale Carlos de Barcelona hacia Castilla sin haber convocado las Cortes valencianas; es el único Reino que no reúne a su asamblea y la clase dirigente se siente marginada. En Valencia nobles y plebeyos se oponen desde largo tiempo. La peste del verano de 1519 provoca la salida de los patricios, que buscan refugio en sus tierras; el pueblo menudo de la capital se ve así abandonado, desamparado, expuesto sin defensa a la epidemia y a las incursiones de los corsarios musulmanes. Ahora, ante el abandono en sus funciones del Gobierno municipal y la nobleza, los gremios de artesanos deciden llenar el vacío de poder, y Carlos, dispuesto a la concesión por la prematura de su inminente marcha, les autoriza para organizar la defensa armada de la costa.
Se forman las hermandades o germanías. Un consejo de trece síndicos (la Junta de los Trece, al mando de Juan Lorenzo e integrada por plebeyos) se hace cargo del gobierno local y toma disposiciones para acabar con el caos en los órdenes administrativo, financiero y de abastecimientos. La corte manda al virrey don Diego Hurtado de Mendoza restablecer la normalidad pero los agermanados lo echan, quedan dueños de la situación un año (extendido el movimiento por todo el reino) y, en el verano de 1521, derrotan al ejército real en Gandía y Xátiva; causan estragos en las tierras de señorío, obligan a los vasallos mudéjares de los nobles a recibir el bautismo. Sin embargo, los señores y el poder real acaban por vencer a la rebelión popular en Orihuela. En noviembre, los agermanados dirigidos por Vicente Peris y refugiados en la capital son aplastados y se reinstala la oligarquía tradicional de patricios y caballeros. Una fuerte represión y elevadas multas sobre las ciudades cierran el sangriento episodio.
El movimiento mostró una naturaleza puritana y milenarista, producto de un profundo malestar, que afectaba tanto a las relaciones sociales y a los sistemas de producción como a la ordenación municipal y al mismo sistema señorial; la población mudéjar, considerada sustento del poder nobiliario, fue objeto de los ataques de los agermanados. A la derrota en Valencia sigue la de los agermanados mallorquines o forans, mediante el desembarco de la Armada Real en la isla, en marzo de 1523.

Aunque los comuneros y los agermanados son contemporáneos, no trataron de formar un frente común. Actúan como si pertenecieran a naciones distintas. Las diferencias entre los dos movimientos rebeldes son varias; en los agermanados hay unos caracteres más marcadamente sociales, y más políticos en los comuneros. Ambos se enfrentan con la aristocracia aliada del poder real. El propósito de los comuneros consistía esencialmente en limitar las prerrogativas de la corona, dando más importancia a las Cortes; vislumbraron que Castilla iba a ser sacrificada al imperio y que las posibilidades de un desarrollo nacional autónomo, en los aspectos económicos y políticos, sufrirían graves trastornos con el cambio de dinastía.
El triunfo de los partidarios de Carlos V consolidó el poder de la monarquía, vinculó a la nobleza con la política real y debilitó la fuerza de las Cortes (que sólo se reunieron en cuatro ocasiones en la década de 1520) y de la burguesía, que, sobre todo en Castilla, quedó relegada a desempeñar un papel político y económico secundario. Resuelto el problema de las revueltas, entre julio de 1522 y julio de 1529, el monarca se dedicó a solucionar los problemas internos mediante la reestructuración del régimen polisinodial que habían iniciado los Reyes Católicos. Para ello organizó el gobierno de sus territorios peninsulares en cinco consejos consultivos: Castilla, Aragón, Inquisición, Órdenes Militares y Cruzada, a los que se fueron añadiendo nuevos consejos, a medida que surgían otras necesidades: Estado, Hacienda, Indias, reorganización del Consejo de Guerra. En su ausencia, en 1529, dejó como gobernadora de Castilla a la Emperatriz Isabel de Portugal. Regresó en cuatro ocasiones desde 1534 a sus reinos hispanos con el objetivo fundamental de conseguir subsidios para sufragar sus guerras europeas. Como consecuencia, el balance económico de su política exterior resultó desastroso para la hacienda castellana, ya que la mayor parte de sus rentas iban destinadas a pagar a los banqueros alemanes e italianos que habían sufragado las guerras del Emperador. Esta situación propició que en 1551 la deuda estatal ascendiera a casi siete millones de ducados.